La Sonnambula
Ópera en dos actos con música de Vicenzo Bellini (1801- 1835) y libreto de Felici Romani, basado en un argumento de Eugène Scribe para un ballet-pantomima de Jean-Pierre Aumer "La Somnambule ou l'Arrivée d'un nouveau seigneur" con música de Ferdinand Hérold para la Ópera de París en 1827. La ópera se estrenó en el Teatro Carcano de Milán el 6 de marzo de 1831. Obtuvo un gran éxito que logró eclipsar el que había alcanzado su más inmediato rival, Donizetti, con el estreno, unos meses antes, de Ana Bolena. En España se estrenó en el Teatro del Príncipe de Madrid, el 21 de julio de 1834
Personajes
| AMINA ELVINO LISA CONDE RODOLFO TERESA ALESSIO NOTARIO |
Joven huérfana, sonámbula Joven rico, enamorado de Amina Posadera, enamorada de Elvino Noble del castillo cercano Molinera, madre adoptiva de Amina Campesino, enamorado de Lisa Papel de poca importancia |
Soprano Tenor Soprano Bajo Mezzosoprano Tenor Tenor |
La acción se desarrolla en un pueblo de Suiza, durante el siglo XVIII.
ACTO I.- Escena I.- La plaza de una
aldea de los Alpes suizos, en el siglo XIX A un lado, la posada
de Lisa, hermosa mujer coqueta e intrigante, a cuyo amor aspira
el joven campesino Alessio, persona de buen corazón pero sin
muchos medios de fortuna. Lisa, en realidad, quema recuperar el
amor de Elvino, su antiguo pretendiente, campesino mucho más
rico que Alessio, pero prometido anura de la joven huérfana
Amina, a la que la molinera Teresa acogió en su casa dándole su
cariño.
Al alzarse el telón un nutrido grupo de campesinos muestra su
alegría por la celebración de los esponsales de Amina y Elvino:
se va a firmar el contrato nupcial y al día siguiente se
celebrará la ceremonia religiosa Lisa, envidiosa, no soporta que
el pueblo entero alabe la belleza y cualidades de su rival Amina.
Alessio, encargado de organizar los festejos, es tratado con
altivez por Lisa. Amina, turbada ante los elogios de todos, desea
a la pareja amor y felicidad. Llega el notario. El novio aún no
se ha presentado, y a todos resulta extraño este hecho. Por fin
aparece Elvino, y explica su tardanza porque se había detenido a
orar ante la tumba de su difunta madre, cuya bendición desde el
cielo ha implorado para su boda, y entrega a la novia el anillo
que le habla pertenecido: Amina será tan buena esposa Fara él
como su madre lo fue para su progenitor. El notario procede, y
pregunta a los novios cuál es su aportación al matrimonio:
todas sus tierras, Elvino; sólo su corazón, Amina, lo cual, en
opinión de su amado, lo es todo.
Se oye en escena ruido de caballos. Un carruaje se detiene en la
plaza, del que desciende un misterioso caballero de edad madura.
Rodolfo, que así se llama el personaje, se dirige al grupo de
los presentes y pregunta si falta mucho para llegar al castillo
del conde, señor de aquellas tierras. Lisa, siempre calculadora,
ofrece al caballero su posada asegurando que no podrá llegar más
que a noche cerrada. Rodolfo acepta encantado su proposición y
reconoce encantado el lugar donde, afirma, pasó hermosos días
de juventud, al tiempo que se informa de las circunstancias de la
boda, alabando la belleza y gentileza de la novia; ello despierta
los celos de Elvino, que debe callar ante un caballero de tanta
alcurnia.
Rodolfo no quiere revelar su identidad: en realidad es el conde,
venido de lejos a hacerse cargo del castillo de sus difuntos
padres. Teresa advierte entonces a los presentes que ya es hora
de retirarse. A preguntas del conde, le explican que a esas horas
suele vagar por el lugar una terrible presencia, un fantasma.
Rodolfo se ríe
de tal superstición, augurando para aquellas tierras la pronta
desaparición del espectro. El conde se retira a descansar a la
posada de Lisa; los campesinos hacen lo propio, y Amina hace
prometer a Elvino que olvidará sus celos injustificados. Las
sombras invaden la plaza, que va vaciándose poco a poco.
Escena II.- El interior de la alcoba de Rodolfo en la
posada. Se ve una gran ventana al fondo. Lisa, a la que el
alcalde ha informado, junto con el resto del pueblo, de la
verdadera identidad de éste, acude a su cuarto a rendirle
pleitesía, deseosa de que ello le reporte algún futuro
beneficio. El conde acepta encantado la visita de la posadera, en
la que intuye alguna posibilidad amorosa. En ese momento se oye
un ruido tras la ventana, y Lisa, que no quiere ser descubierta a
tales horas en la habitación de un hombre, se esconde, perdiendo
el pañuelo con las prisas. En la ventana aparece Amina, que
caminando dormida se imagina cómo será su boda con Elvino. El
conde queda conmovido ante la bondad de corazón de la joven, y
de su hondo amor por Elvino, por lo que abandona ciertas ideas
que mal encajarían con la virtud de la joven. El conde recoge el
pañuelo y lo deja caer en la cama: reconoce que la joven es sonámbula.
Amina se tumba en el lecho y sigue durmiendo.
En ese momento se oyen las voces de los campesinos, que a pesar
de la hora acuden a presentar sus respetos al conde. Lisa sale de
su escondite, contempla a Amina en la habitación y comprende
encantada que su rival va a perder la reputación. El conde,
asustado por las circunstancias, decide marcharse de la posada y
sale por la ventana, cerrándola tras de si.
Los campesinos entran y comprueban que el conde no se encuentra
allí, y también que hay otra persona: una mujer. Momentos más
tarde comprueban horrorizados que la mujer es Amina.
Elvino, que acaba de entrar en la habitación seguido de Teresa,
no da crédito a sus ojos. Ante sus gritos, Amina se despierta,
se sorprende de hallarse allí, pero de nada le sirven sus
protestas de inocencia: nadie la cree, y menos que nadie el
celoso Elvino, que la rechaza violentamente. Amina, asustada y
llorosa, busca consuelo en Teresa, la cual anuda el pañuelo de
Lisa en el cuello de Amina, creyéndolo de la joven. Amina está
desesperada. Todos, excepto Teresa, la abandonan.
ACTO II.- Escena I.- Nos hallamos
ahora en la colín; cercana al castillo del conde Rodolfo Un
grupo de preocupados campesino acuden al castillo para pedir al
conde que ayude a probar la inocencia de Amina. Teresa y Amina,
que también acuden a solicitar la ayuda del conde se detienen un
momento en su camino. Pasa entonces Elvino, cabizbajo y ofendido
Amina se acerca hasta él y le ruega que acepte sus explicaciones
de honradez, pero él le quita el anillo que le había entregado,
y ni siquiera las palabras de los campesinos, que regresan con la
garantía de inocencia del conde, consiguen que el joven cambie
su actitud. Amina, desesperada, cae desmayada en brazos de su
madre.
Escena II.- De nuevo nos encontramos en la plaza de la
aldea. Lisa, como de costumbre, discute con Alessio, cuyo amor
sigue rechazando. Aparece un grupo de campesinos que anuncian
alegres la próxima boda de Lisa y Elvino: éste acude en persona
a formular a Lisa su propuesta, que la joven acepta encantada sin
importarle que Elvino se case con ella por despecho.
La pareja se encamina hacia el templo, pero hace su aparición el
conde, quien asegura a Elvino que Amina es inocente. Él le pide
que justifique la presencia de la muchacha en su alcoba, y
Rodolfo explica a los presentes que hay personas, los sonámbulos,
que caminan y contestan a quienes les hablan estando
profundamente dormidos, mas nadie da crédito a sus palabras, a
pesar incluso de su condición de señor de aquellas tierras.
Al oír el griterío Teresa sale de su casa y pide a todo el
mundo que se calle: Amina, al fin, ha logrado conciliar el sueno.
Todos obedecen. Teresa repara entonces en la comitiva y se
percata de lo que está sucediendo. Lisa, cínica, le dice que se
casa con Elvino porque a ella no la han sorprendido de noche en
la habitación de un hombre. Teresa, indignada, muestra a todos
el pañuelo que ésta perdió en la alcoba del conde, quien
discretamente se queda callado. Lisa no sabe qué explicación
dar; Elvino se aparta de ella horrorizado, preguntándose sobre
la existencia de la virtud entre las mujeres y del amor verdadero.
En ese momento Amina sale por la ventana del molino, y el conde
lo indica a todo el mundo.
La joven emprende su sonámbulo paseo; corre el riesgo de caer
sobre la rueda del molino, pero se salva; habla en sueños, y por
sus palabras todos comprenden que está enamorada de Elvino. El
conde, empujando al muchacho, le dice que haga lo que Amina le
pide en sueños, y éste le devuelve el anillo. Los aldeanos
estallan en gritos. Amina se despierta, y ve maravillada que
Elvino le solicita su perdón y que todos aclaman su inocencia.
El canto de Amina, camino por fin del altar del brazo de su
amado, concluye la ópera con la expresión de su extasiada
felicidad.
Libreto bilingüe completo:
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