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Antonin Dvorak (1.841 - 1.904)

"Concierto para violoncelo y orquesta en Si menor, Op. 104"

Antonin Dvorak (1841-1904) aparece en la historia musical de Bohemia, como un nexo esencial entre Smetana y Janacek. En efecto, Bedrich Smetana (1824-1884) fue quien estableció los cimientos de la tradición checa, muy ligado al teatro nacional, con un idioma cercano al romanticismo de Liszt. Y Leos Janacek (1854-1928), fue uno de los creadores que mantuvo vivos los ideales de la música absoluta, en el Siglo XX. Con la colorida Sinfonietta, su obra final, tuvo oportunidad de expresar su patriotismo, con gran profusión de ritmos y fanfarrias, a cargo de vientos de madera y metal.

Antonin Dvorak, en su hora, completó esta corriente de expresiones, que fue orientada hacia una poesía más humana y lírica, cercana al sentimiento del hombre común. Un hecho auspicioso se produjo en su vida en 1874, oportunidad en la que conquistó un Premio del Estado Austríaco, consistente en una pensión anual. La presentación de la obra "Aires de Moravia" fue decisiva, ya que le permitió la amistad y generosidad de Johannes Brahms, quien estaba en el jurado que otorgó la recompensa, y era uno de los más reconocidos músicos de Viena, en ese momento. Su protección hizo posible que Dvorak se dedicara con exclusividad a la creación, que fue encaminada hacia una exposición más personal de su estro creativo, para lo cual abandonó el lenguaje wagneriano que lo había nutrido hasta entonces. Poco a poco fue logrando nombradía internacional hasta que, en 1892, lo reclamaron desde el continente americano para ofrecerle la Dirección del Conservatorio de Música de New York, que fue finalmente asumida por él, hasta 1895. En esos tres años compuso algunas de sus mejores obras: la Novena Sinfonía "Del Nuevo Mundo", el Cuarteto en Fa Mayor "Americano" y el Concierto para cello Op. 104. En esta última obra denota la adhesión plena a la estética de Brahms. Sus líneas gozan de un lirismo cargado de emoción y es, no solo una de las más bellas creaciones de Dvorak, sino también una incuestionable pieza maestra del repertorio para cello.

Dvorak, inicialmente, abrigó muchas dudas en cuanto a la eficacia de enfrentar al cello, con una orquesta sinfónica. El consideraba que el timbre nasal de las notas agudas, y el registro del sector grave, constituían un problema delicado, a la hora de lograr un balance sonoro. Accidentalmente escuchó el Segundo Concierto de Victor Herbert, y al comprobar que la inclusión de 3 trombones en el movimiento central (amén de otras novedosas particularidades instrumentales) había redundado benéficamente en el equilibrio orquestal, decidió dar forma a un nuevo concierto para cello. Su experiencia con la tesitura de esta cuerda registra un antecedente válido. A la edad de 24 años compuso un concierto en La Mayor, que no llegó a orquestar. De modo que en poco tiempo más, dió forma al Concierto en Si menor Op. 104.

PRIMER MOVIMIENTO: Una larga introducción, en la que presenta los dos temas principales, es expuesta en el movimiento inicial. El primero se escucha en los clarinetes y es reproducido a lo largo de la obra. El segundo, con una clara inspiración generada por los "negro spirituals", es presentado por un sólo de trompa. Por fin hace su entrada el solista, que discurre con formidables muestras de virtuosismo.

SEGUNDO MOVIMIENTO: El atrayente movimiento central, contiene un emocionado mensaje. En esos días recibió la noticia de que su cuñada Josefina, de quien había estado enamorado antes de casarse, se encontraba grávemente enferma. Ante tan triste hecho decidió recrear, en el Adagio, la canción favorita de ella, y lo hizo con lineamientos conmovedores y una gran ternura.

TERCER MOVIMIENTO: El final es vigoroso, con aires de danza campesina, y parece expresar la euforia que experimenta ante la proximidad del regreso a su tierra natal. Cuando llegó a su hogar se enteró que Josefina había muerto, y decidió, ante lo irreparable, modificar la Coda del concierto, incluyendo una rememoración de la canción del Adagio. Decididamente, con un final impactante, cierra magistralmente la obra.

Este concierto fue estrenado por la Orquesta Filarmónica de Londres y el cellista Leo Stern, el 19 de Marzo de 1896, en Londres.

Lita Martínez Galván


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