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Johannes Brahms (1.833 - 1.897)

"Sinfonía Nº 3, en Fa mayor, Op 90.

Johannes Brahms (1833-1897) ha dejado testimonio del cuidado y laboriosidad con que trabajó en sus composiciones, y de su infalible sentido de la autocrítica. La severidad de la perspectiva planteada, muy clara en su intelecto, lo obliga a una cohesión de ideas cada vez más refinada, que le permita abordar el género compositivo más exigido: la Sinfonía. Transcurriendo la segunda decena de vida comenzó a ensayar diferentes relaciones temáticas con ese fin, que fueron volcadas años más tarde, en producciones que le sirvieron de aprendizaje: el "Requiem Alemán" Op. 45 (1868) y las "Variaciones sobre un Tema de Haydn" Op. 56 (1873), entre otras. Su técnica compositiva se entreteje en medio de relacones temáticas que se concatenan hacia una arquitectura formal, en la que elude conclusiones demasiado claras y concluyentes, acción que le permite entrelazar diferentes opciones armónicas, en constante y original búsqueda.

Es a la edad de 43 años, en 1876, que presenta su Primera Sinfonía, con dimensiones épicas, y la Segunda, completada un año más tarde, que registra un caracter pastoral.
Deberían pasar 6 años, antes de que completara la Tercera Sinfonía, en 1883, que fue estrenada el 2 de Diciembre de ese año, por la Orquesta Filarmónica de Viena y la dirección de Hans Richter, provocando un entusiasmo delirante. Se repite la obra el 4 y el 28 de Enero del año siguiente con la dirección de Joseph Joachim, y el 28 de Febrero conducida por el autor.

En el primer movimiento presenta un tema genérico, a partir de una idea musical muy simple: tres importantes acordes a cargo de las maderas, que simbolizan formalmente su entrega a la ortodoxia artesanal clásica. Este motivo genérico se escucha a lo largo del movimiento, subrayando dos Temas independentes, que se constituyen en columna conceptual del movimiento.

El segundo movimiento, Andante presenta una melodía coral de caracter idílico, a cargo de las maderas. Los violines exponen un episodio febril, apasionado, precediendo el retorno del tema coral, con marcha pausada.

Una melodía contemplativa de gran protagonismo, a cargo de los cellos, da comienzo al tercer movimiento. Este motivo es recreado, oportunamente, por la flauta y el oboe. La calma producida al finalizar este contexto, permite la exposición tierna y elegíaca de la trompa, al reeditar el tema primitivo, que identifica la cordialidad con que se desenvuelve este tiempo.

El Allegro final comienza con caracter ciertamente cauteloso, antes de que cuerdas y maderas detonen un motivo conducente, que cobra amplitud, hasta arribar a un tono febril. El devenir de la obra se encauza hacia el final, con firme decisión. Luego de alcanzar el punto culminante, la sinfonía finaliza en un lento y apacible remanso.
Se puede afirmar que esta sinfonía revela, en forma muy particular, la sensibilidad a flor de piel, de su creador, Johannes Brahms.

Lita Martínez Galván


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