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Ludwing Van Beethoven (1.770 - 1.827)

"Concierto Nº 3 para piano y orquesta en Do menor Op. 37"

Se advierten tres períodos fuertemente marcados, en el proceso creativo de Ludwig van Beethoven:

En el Primero, considerado desde aproximadamente 1794 hasta 1800, recibe la herencia del pasado, simplemente referenciada como la estela, propia de la inercia en el tiempo, de Haydn y Mozart.

Su producción posterior, correspondiente al Segundo Período, denota el mandato de su Ego creador, con el apartamiento de algunas limitaciones formales en la gráfica musical, para hacer lugar al personalismo de sus ideas. Este período está signado, además, por dos eventos gravitantes en su vida: el espíritu liberador de la Revolución Francesa (1789), y la aparición de los primeros síntomas de la sordera que ratificaron, entre ambos hechos, la perentoria necesidad de consolidar los principios abstractos alojados en los confines de su más íntimo Yo.

A partir de 1817, Beethoven modificó algunas premisas establecidas del Clasicismo, para internarse, poco a poco, en los esquemas del Romanticismo. En este Ultimo Período produjo, entre otras obras, la Sinfonía "Coral", la Misa Solemnis y los últimos Cuartetos. No es posible aceptar que algún compositor del Siglo XIX, haya eludido la influencia de Beethoven, pues sus obras llegaron a convertirse en la tradición clásica vienesa, y dieron el ímpetu inicial a toda la producción instrumental y vocal, de ese siglo.

En su abultado catálogo se registran 5 Conciertos para piano y orquesta. El sistema tonal fue siempre para Beethoven algo fundamentalmente simbólico. Si se tiene en cuenta que los Tonos Mayores (que registran la tercera mayor) indican regocijo, felicidad, plenitud, y los Tonos Menores, dolor, sufrimiento y desdicha, se puede suponer que el Concierto Nº 3 para piano y orquesta, en Do menor, está indicando circunstancias aciagas. En efecto, sentía que se estaba quedando irremediablemente sordo, según lo proclama en el documento histórico "Testamento de Heiligenstad", en 1802. Pero no se doblega y aborda resueltamente el nuevo concepto sinfónico, en el que Solista y Orquesta participan en iguales proporciones. La ampliación de la escritura orquestal y la densidad y dramatismo de algunos temas, así como el apartamiento del gran virtuosismo en el área del Solista, para dar lugar a elementos expresivos, constituyen indicios ciertos de su protagonismo en el arte.

Beethoven trabajó en el Concierto Nº 3 para piano, en Do menor, entre los años 1800 y 1803. Consta de tres movimientos. En el
Primero avanza hacia una culminación que encierra un considerable dramatismo. El Segundo movimiento, Largo, es una muestra de lirismo e introspección, que apela a pensamientos profundamente poéticos. El Allegro final es un extrovertido Rondó, brillante y pleno de alegría. Este concierto cumple una importante etapa en la evolución estética de este Genio alemán.


Lita Martínez Galván


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Alberto Dieguez - Rosario - 2002 - 2005