| HÉROES DEL SILENCIO - Zaragoza, 12/10/2007 |
|
HÉROES DEL SILENCIO Toda Zaragoza olía a Héroes para
engalanarse como una de las sedes de la “gira del próximo milenio”, incrédula,
pensé. 5 minutos... 4, 3...2 minutos...
las nueve! Llevábamos una meticulosa cuenta atrás (en realidad desde hacía
meses y el hecho de que quedasen sólo 90 minutos no era razón para
abandonarla). Realmente no puedo recordar si
las luces se apagaron con una puntualidad meridiana o es que la emoción hizo
que el grito de “las nueve!” y el apagón se solapasen en mi mente. Pero
recuerdo que al principio, mientras sonaba Song
to the Siren de This mortal Coil,
los cañones de luz violácea iluminaban rostros espectantes, y es que 10 años se
dice muy rápido. Supongo que gran parte de los presentes nos debatíamos entre
un oportuno dejarnos llevar por esa canción de antaño y la opción de cortar por
lo sano e ir diréctamente al meollo, pues las esperas en los momentos previos
son mucho más duras. De repente me di cuenta de que no necesitaba debatirme
más, que la canción había terminado y que el público aullaba a las siluetas de
Bunbury y Juan Valdivia. Por fin, los acordes de El Estanque como un telón que cayó para dar paso a los héroes, las
pantallas ascendieron y con una sonrisa me vino a la mente el manido eslogan “los
héroes rompen su silencio” parecía que iba a ser cierto. El Estanque dio paso a Deshacer
el Mundo, canción que me sonó tan potente como mi mente se esfuerza siempre
en recordar. Después volvimos a nadar Mar
Adentro aunque esta vez teníamos en mente escribir una Carta con tintes de reencuentro. No sé si aquí soy muy exacta o no,
pero me dio la sensación de que Bunbury no se encontraba muy cómodo en esa
canción, Mar Adentro. Aunque
avanzado el concierto fue el propio Bunbury quien despejó mi duda al pedir 5
minutos de descanso por un resfriado que se le abrazaba a la garganta. Pese a
que por un instante el volumen de nuestro estómago se redujo a la mitad
temiendo que no apareciesen de nuevo, esto no sucedió. Y Bunbury, sin perder su
esencia arovechó para cambiarse de atuendo y volver con el consabido contoneo. La carta dio paso a Bendecida y mientras tanto las
pantallas hacían las delicias del público con lo que proyectaban. Esto se ha
convertido en un buen preámbulo para hablar del escenario, creo que unos de los
más grandes montajes de un grupo español, pero claro está, Héroes pertenecen al
grupo de quien puede permitírselo. Montaron un escenario inmenso
que contaba con cuatro pantallas cuadradas que al alzarse dejaban ver otras 2
centrales muy anchas y a los lados otras dos gigantes. La cantidad de torres de
luz y cañones era también espectacular. Ni que decir tiene que las pantallas
fueron de muy gran ayuda a gente como una servidora que desgraciadamente no
llega al 1’70. Tras Bendecida y acompañada por imágenes de ojos escamosos e inquietantes
nos enredamos juntos entre algas, Sirena
Varada. La mítica canción hizo embravecer a las masas y palpitar corazones.
Después vino Opio que se extendió
por el estadio acompañada de las susodichas imágenes de tan conocida flor de la
pereza. [“Qué le pedirían a la virgen del Pilar, un porrito, dicen por ahí,
pásamelo Pedro” Bunbury a Pedro Andreu] Tras otras canciones como La Herida o Flor Venenosa encontramos la mítica y acertada versión Apuesta por el Rock’n Roll en acústico,
con Bunbury a la armónica y la sangre fluyendo acompasada al ritmo que su
propio nombre indica. Los temas que siguieron a esta
canción fueron Héroe de leyenda,
Con nombre de guerra, No más
lágrimas, Nuestros nombres,
El mar no cesa. Fue entonces
cuando los primeros acordes de Entre dos Tierras abrumaron a un público quizá no acostumbrado a
algunas de las canciones, no tan típicas, seleccionadas para el set list. Pues
así fue, por Entre Dos Tierras no parece pasar el tiempo y no perdona ni a viejos ni a jóvenes.
Detrás de este tema irremediablemente Maldito Duende, para una noche de magia. Tras
las muy consabidas canciones llegó el esperado momento de Iberia Sumergida, muy adecuada para los momentos
que vivimos, potente y amarga. En las proyecciones un guiño en colores a la
fecha, 12 de octubre, que tintaba imágenes de protesta. Las
llamaradas inundaron las pantallas para dar paso a Avalancha, aunque en esos momentos la gente coreaba indistintamente
“A la plancha!” o “Avalancha!”. Después el estadio de hizo eco de Oración y Tumbas de Sal. fue entonces cuando Bunbury pidió que las luces murieran
y encargó al público la iluminación. El estadio se convirtió en un cúmulo de
pequeñas lucecitas que se agitaban al compás de Bendecida-3. Hacia el final, la luz volvió a brillar y cantidades
ingentes de papelillos de colores brillantes empezaron a caer sobre nuestras
cabezas... momento para las lágrimas, si no lo había habido ya. Tras Tesoro todos nos empezamos a revolver, el final se acercaba por
momentos y no éramos conscientes de las 2 horas y media que llevaban encima del
escenario. Las pantallas mostraron cuadros de Goya, como el de Saturno devorando
a su hijo en Malas Intenciones y en Brazos de la Fiebre. Todos tratamos de hacernos a la idea de que este era el
final, precedido por fuegos artificiales y un Bunbury que era reticente a
abandonar el escenario. A modo
de nota final, me gustaría añadir que iba con la idea preconcebida de que
realmente íbamos a ver a Bunbury y a Héroes marcados por una separación un
tanto abrupta, no un grupo en conjunto que volvía tras 11 años. Pero lo que no
esperaba fue lo que viví. Coordinación y admiración mutuas y un Valdivia que
pese a reclamar el apoyo de su hermano se salía por todas las costuras. Texto: Wyrd |