En los campos de mi Andalucía
los campanilleros en la "madrugá"
me despiertan con sus campanillas
y con sus guitarras me hacen llorar.
Dos gitanos que iban por el monte
cantando y bailando al amanecer
de mil soles que maduran el trigo
pudriendo el quejido de un viejo rabel
suplicando al amor
con las manos al cielo mirando
la frialdad del rocío de un sabio cantor.
|
. . . . . . . . . . . |
En la historia del mundo no ha habido
los gritos tan claros de una nación
santiguando con agua bendita
las manos rojizas de un santo patrón
que reza al andar
a las flores de un campo marchito
cargadito de espinos de amargo aguijón.
|