logotipo

img_google
CRÓNICAS GUITARRERAS
Guitarvera 2004





Relato del primer Guitarvera por el Arroyo los Cagaos
 

Crónicas guitarreras: Guitarvera 2004

Tras un carnaval pasado por agua la sombra de la lluvia planeaba sobre el Guitarvera de 2004, pues el parte había anunciado mal tiempo, parece que continuaba la maldición del cielo por haber tenido unos capitanes tan sinverguenzas. Sin embargo, al igual que en carnaval, se pudo sacar todos los eventos adelante, aunque pareciera en algunos momentos que no se iba a poder llevar a cabo las actividades del domingo. 

El viernes empezaron las jornadas como ya es tradicional con las charlas referentes al eje temático que este año guiraba en torno al mundo del cabrero. En la charlas se mostraron elementos de la ganadería caprina desde la antiguedad, con la importancia resaltada de los cultos a la Diosa Cabra Ataecina, así como  referencias etnográficas sobre la vida del cabrero de Gredos y Tormantos o sobre la transhumancia en la Europa mediterranea, además de una visión del futuro del sector que pasa horas oscuras y debe adaptarse a los nuevos tiempos ofreciendo un producto de calidad bajo la forma de una carne y un queso que sólo en el entorno montañés se puede conseguir. 

El sábado por la mañana la ruta se hizo al Labrado del Señor, a la sombra de cuya encina nuestro amigo Abelillo aprendió a tocar la guitarra mientras su perrita Curra careaba las borregas. Así 101 personas acompañadas por el burro del Peropalo nos comimos el pan en la Fuente la Resaca, donde Espanta nos visitó con la piara de cabras y sacamos las guitarras que nos había bajado el coche escoba. 

Boiro nos fue contando muchos datos curiosos de nuestros parajes y un socio del Labrao el Señor nos explicó el régimen de propiedad comunal de la finca. Tras visitar las instalaciones de la quesería Juancho nos convidó a lechelá de vainilla en la Pulía que nos dió las fuerzas necesarias para subir la cuesta final hata el Chorrillo, donde se nos obsequió con una pase al antiguo baile de Toribio antes de remitirnos a los bares de la plaza donde algunos incombustibles se quedaron más de treinta horas.

Tras la inaguración de la exposición del Mataero (Casazul) y una vez nos hubimos enfundado nuestros típicos blusones carnavaleros, Paco Bohoyo echo el pregón y Castañita trató de controlar a las fieras desbocadas que querían darle al caldero toda la noche. Candeleda, como ya viene siendo tradicional, envió una delegación de sus calderos y zambombas.

Pronto,  sin darnos casi ni cuenta, se nos hizo la hora de sacar los tambores para la diana y empezar la siguiente jornada.

Al finalizar los tambores, tras una hora rondando por las calles, el séquito madrugador de la ronda de guitarros se fusionó por un rato con los resistentes de la nocha antes de que la mayor parte de estos sucumbieran en los brazos de Morfeo. El domingo era ya patente que el agua se había convertido en una amenaza real, y desde que acabaran las rondas mañaneras no paró de mollinear. A pesar de ello, se hizo el montaje en la plaza,  se llevaron las cabras y se construyó el chozo, que vino muy bien para protegerse de la lluvia (y algo más).

Los grupos en un principio se fueron asentando en los lugares para ellos asignados, pues como sabemos, Villanueva goza de soportales suficientes como para no mojarse. Sin embargo para que no se desluciera su esfuerzo ante el agua, se decidió poner en marcha el plan alternativo y trasladar todas las rondas a la plaza, donde se instalaron en los distintos soportales, más amplios, que no estaban ocupados por la exposición del queso. 
Los grupos locales nos fuimos fusionando con los que nos visitaban y conseguimos crear el ambiente carnavalero que tanto nos gusta a los descendientes del Peropalo, aunque por falta de espacio el público no acabó de disfrutar adecuadamente de los numerosos grupos visitantes. 

Durante un breve interludio en los grupos se fueron a reponer energías, quedaron tan sólo varios guitarreros autóctonos amenizando la plaza, pero pronto volvieron decenas de ellos y se continuó con la fiesta hasta que los cuerpos aguantaron, pues por la tarde el padre Sol volvió a aparecer y se pudieron realizar las actividades de por la tarde sin problemas. El cronista no pudo quedarse a contemplar el sorteo del mantón de Manila y la estupenda guitarra española, pero sabe de buena tinta que se realizaron sin incidentes.