Crónicas
guitarreras: Guitarvera 2002
El primer Guitarvera
El sábado por la noche, en cuanto se puso el sol,
se hicieron las carretillas en la plaza, es decir, unos traca, petardos,
y unos cohetes dando vueltas mientras los muchachos pasan por debajo de
las chispas. En esta ocasión no pasaron los niños como antigüamente,
sino que pasaron los que querían ser niños o recordar su
infancia. La gente joven que no lo había visto nuncalo miraba un
poco extrañada, seguro que si había algún valenciano
se meaba de la risa, pero la gente mayor se emocionó mucho. Luego
los del Arroyo nos juimos a ensayar por llamar de alguna manera a lo que
hacemos en el local.
Después empezó el periodo de carga piscotrópica
hasta las cinco de la mañana, hora en la que acudimos a casa a por
los calderos, sombreros y blusones/camisas nos bajamos a la plaza, donde
nos esperaba Merengue para invitarnos a un copazo que nos diera fuerzas
para la calderada.
Unas cuarenta o cincuenta personas, con unos veinte calderos
salimos de ronda nocturna capitaneados por tío Salvador y tío
Castañita que no se pierden una desde que se jubilaron. Había
ratos en los que por el desfase se desincronizaba un poco el sonido o en
los que tirábamos todos los calderos al suelo y se armaba una zaragata
grande, pero los abuelos ponían orden rápidamente cuando
hacía falta (es decir, cuando nos desacompasábamos y tal).
Llégamos a la plaza tal y como estaba previsto en el justo momento
en que los tambores salían corriendo en el toque de diana que ellos
hacían. Los caldereteros nos quedamos en el Merengue en gran muestra
de capacidad de dilatar la carga psicotrópica. Yo por mi parte
me retiré a las ocho con gran pesar de mi corazón y me senté
en el brasero hasta las diez, pues tenía que conducir hasta Viandar
para cargar el equipo de música de Miguel el de Muérdago
que iba a poner un están con rabeles. Luego tuve que organizar
a los técnicos de sonido a los cuales les había caido un
marrón bastante guapo. Al final no trajeron lo que se había
quedado sino que en su buena fe trajeron un equipo mejor de manera
que hubo que ir transladándolo de plaza en plaza y lo que resultó
fueron cinco conciertos de folklore, en vez de cinco grupos folklóricos
haciendo música tradicional. También hubo que hacer labores
de acompañamiento a los grupos que llegaban y contarles sobre el
terreno de qué iba el asunto. Por cierto que el día salio
cojonudo, después de haber estado lloviendo toda la semana acertaron
los viejos que decían en esa luna nueva no iba a llover por nosequé
movida del "menguante de primavera, el viento gallego y nos apostamos un
cabrito a que no llueve".
El caso es que cuando se levantó Torollo vió
que todos los del Arroyo estábamos sin acostarnos (aunque yo por
lo menos estaba sereno, aunque no serenito) y pensó en suspender
el concierto. Eso no podía ser porque la gente del pueblo tenía
muchas ganas de vernos tocar porque hacía más de un año
que no tocábamos allí. La verdad es que la cosa tenía
mala pinta, Sergio desapareció en la mañana, sólo
tenemos referencias de su estado catatónico por su hermana Nuria
que se animó a tocar en el último momento, pues hacía
también más de un año que no ensayaba. A Abelillo
se el encontraron mis padres muerto encima de la guitarra en mi casa, el
pobre era el único que se emborrachó si querer, pues había
pretendido acostarse para levantarse a la calderada. Suya fue una de las
frases memorables de por la noche, a las cuatro dice al percatarse de la
hora: ¡me voy a acostar que me levanto dentro de media hora!. Curiosamente
todo el mundo comentaba: "pobre Abelillo no está acostumbrado..."
El que si que está acostumbrado era Raul y feneció valientemente
a las 12, hora en la que un par de chavalas se apiadaron de él y
le montaron en la furgo y le dejaron a la puerta de su casa, para que le
recojiera su madre. No pudimos comprobar el estado en que quedó
su traje de romano depués de la burrada de carnaval pues es mismo
que se pone para las actuaciones. Angelato, Gobi, Carlatos y Jaime
se habían juntado con el primo de este último, Cascarilla,
y estaban en un desfase de esos en los que la gente les hacía un
corro en los bares mitad con miedo mitad con risa, ante los continuois
relinquines, revolcones, apretones y demás comportamientos de burro.
La gente se sentía implicada y les regañaba, ¡que tenéis
que tocar! pero me da la impresión de que no hacían
mucho caso. Encima se habían encontrado una bolsa
de marihuana de por lo menos medio kilo con la que daban palmaditas al
picoleto de verde que pasó por allí. A la tercera vez que
le tomaron el pelo les quitó la Marihuana porque estaban "minando
su autoridad" pero no les multó ni ná.
Por cierto que el fichaje de la Estrella que decía
que no había venido a Villanueva a dormir cayó también
en acto de servicio y dio el relevo a sus paisanos que llegaron por la
mañana.
Sin embargo sorprendentemente poco a poco nos juimos concentrando
a la puerta de la iglesia, afinando cacharros y haciendo dedos, de forma
que pronto se hizo un corro guapo y ocasionalmente llegaba algo de vino.
Así se pudieron despejar algo los compañeros heridos mientras
una avanzadilla de los técnicos ayudados por mi hermano colocaban
el escenario. Así que al final tuvimos que tocar en plan concierto
a la puerta de la iglesia, en la plaza del Cementerio. Afortunadamente
Elma ya toca la guitarra los suficientemente bien como para sustituir a
Sergio y Abelillo aunque tuvimos que corregir sobre la marcha el hecho
de que ellos dos eran los que cantaban los estribillos, es decir, cuando
en el primer estribillo de la rondeña no se arrancó naide.
Nos falló el golpe de cántaro y Gobi tocó la botella
porque no le vagaba ir a por el fregaero. Dado que no teníamos preparado
el orden de las canciones tuvimos que consensuar las que tocábamos
a medida que pasaba el tiempo.
Aunque no tuvimos libertad real para gestionar el concierto
una vez que tocamos las canciones nuevas, pues nuestras fanáticas
seguidoras empezaron a gritar eso de ¡que cante el cabrero! ¡la
farola!. De modo que no pudimos echar la jota jevi pues si echamos
la farola nos comen dado que eran las cuatro de la tarde y la gente había
estado viendo a los grupos tocar desde la una y no habían probado
más que perronillas y dulces que espontáneamente sacaron
las vecinas.
Después de la actuación me pude relajar
y dedicarme a hacer el indio, tocar y cantar con los numeros guitarreros
de toda la vera que habían venido. Tío Cageta del Guijo,
Julio de Arenas y la gente de Guisando, la gente de La Estrella que ya
he mencionado. Además los grupos se quedaron toda la tarde
de ronda, incluso el sector jarrai del Losar se marcó una retahila
de varias horas en ca´Merengue. Así que a la par que los Cagaos
que habían sobrevivido iban desapareciendo poco a poco secuestrados
por sus respectivas mujeres iban apareciendo renovados los que habían
fenecido por la mañana. Raul se quedó con las ganas de compartir
un medio con su amigo el burro de carnaval al cual le esquilaron en mitad
la plaza. Yo no me quedé a verlo mucho rato puesto que ya se oían
voces que me ofrecían voluntario para ser el próximo en ser
esquilado, despúes de los corderos y el caballo que estaban haciendo
cola. Además hubo concentración de burros y exhibición
de talla, manufactura de escobas de mijo y toque de rabeles y más
cosas que no ví, pues estaba atareado. Como todos los domingos los
supervivientes entre los que se encontraba ´tío Gonzalo con
el cántaro todavía a cuestas, nos concentramos en el
socio para rematar la faena. Al llegar a casa, unos macarrones para desayunar,
agua para la resaca y a´costocho.
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