
La vida que yo veo anhela los extremos confines, el Desierto, la Selva y nada más.
Veo que Setiembre, el de los Rojos Helechales, deplora su materia; que hubiera preferido ser sólo Nieve, Inmensidad y Lobos.
Veo que el Sol sueña con la pura Luz y que la Noche añora los tiempos primordiales, cuando todo era noche.
Miro también a mi corazón, y descubro que sus deseos se resumen, desgraciadamente en dos palabras: la palabra SIEMPRE, la palabra NUNCA.

La pobre golondrinita cada vez sentía más frío, pero no quería dejar solo al Príncipe porque lo amaba mucho. Picoteaba las migas que quedaban a la puerta del panadero, cuando el panadero no le veía, y trataba de entrar en calor agitando sus alas. Pero finalmente comprendió que iba a morir. sólo tuvo ya fuerzas para volar hasta el hombro del príncipe.


La lluvia caerá aún sobre tus dulces suelos, una lluvia ligera como un aliento o un paso. Aún la brisa y el alba florecerán ligeras igual que con tu paso, y entonces volverás. Entre flores y alfeizares mi gato lo sabrá.
Seguirán otros días, seguirán otras voces. Sonreirás a solas. Oirás viejas palabras, voces cansadas, vanas igual que trajes viejos de las fiestas de ayer. También gesticularás, responderás palabras: mi gato lo sabrá.
Rostro de primavera; y la lluvia ligera, y el alba de jacinto que hacen daño al corazón de aquel que no te espera, son la sonrisa triste que te ilumina a solas. Seguirán otros días, voces y despertares. Rostro de primavera, sufriremos al alba, mi gato lo sabrá.