Bluespain

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 JAZZ, FLAMENCO, TANGO:

LAS ORILLAS DE UN MISMO RÍO.

             El jazz, el blues, el flamenco, el tango, la salsa y todo el elenco de músicas latinas ¿Pueden tener un origen común en la música africana?. José Luis Salinas, en un espléndido trabajo de investigación publicado en 1994 por la editorial Catriel ha rastreado la similitudes entre estos tipos de música.

            Investigar –y encontrar resultados- sobre los orígenes africanos del blues y del jazz no es ninguna novedad. El tema ha sido tratado por un buen número de autores, algunos de los cuales han precisado hasta el punto de partida situándolo en el Sahel subsahariano.

            Más novedosa puede resultar la tesis de que el flamenco tenga el mismo punto de partida. Los pueblos árabes que proporcionaban la mercancía humana a los esclavistas europeos en los puertos de Senegal son portadores de una cultura fuertemente influenciada por sus vecinos del África Negra, especialmente en el terreno musical. Gracias a ellos, y con Al Andalus como punto de penetración, los mismos patrones rítmicos que dieron origen al blues llegaron a la península para fusionarse con la música popular autóctona y con la del pueblo gitano; otra etnia minoritaria y marginal que, como los afroamericanos hará de la música uno de los principales baluartes de su cultura.

            Con este punto de partida, José Luis Rodríguez Salinas, en una obra   que podríamos calificar de arqueología musical, rastrea las similitudes sociológicas y musicales entre dos culturas que tienen más en común de lo que a primera vista parece. En la teoría la cosa funciona y las evidencias resultan claras al leerlas; buscar pruebas puede resultar difícil pero habrá que esperar futuras investigaciones.

            Pero el autor pretende llegar más lejos al asignar un mismo origen a otras músicas. Mientras en los estados sureños de los EEUU los ritmos de los esclavos negros se entremezclan con otros tipos de sonidos dando lugar  al blues y al jazz; otro tipo de fusión se produce en la isla de Cuba, donde la vieja música africana se funde, una vez más con la que tiene sus orígenes el la tradición popular española dando lugar, tras diferentes metamorfosis y periplos geográficos  a todo el universo sonoro que ha dado en llamarse música latina y que más tarde se fusionará con el jazz.

            Entrado ya el siglo XX y con la perspectiva de una visión multicultural todos estos estilos se entremezclan en una telaraña sonora con innumerables ramificaciones. Salinas habla de un ancho río, el Atlántico, en el que los tributarios  Mississipi, Guadalquivir y Río de la Plata vuelcan un caudal sonoro que cristaliza al mezclarse sus aguas en la isla de Cuba.

            Haría falta –y esperamos tener la oportunidad de leerlo- un estudio posterior que analizase más en profundidad las similitudes entre estos estilos e incluir tal vez en el mosaico al fado portugués y las  músicas brasileñas que indudablemente tienen también su origen en la música latina y africana. La obra de Salinas, que cuenta con la ventaja de una lectura cómoda, deja abierta la puerta a nuevas investigaciones que espero que el autor realice en breve. Por el momento tenemos un espléndido trabajo que puede acercarnos a un mejor conocimiento tanto del blues, por la parte que nos toca, como de otras músicas que geográfica y culturalmente tenemos más cerca. ¿Será esto eso de la aldea global?

           Ramón del Solo

 bluespain@moonpaper.com