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Desde que en 1840 se emitió el primer sello para uso postal en el Reino Unido, uno de los mayores galardones que el gobierno de cualquier nación puede otorgar a una persona es el que tu nombre, efigie o motivo alusivo a tu obra aparezca en uno de ellos. En general la música popular y en concreto el Blues, tan a menudo fuera del reconocimiento institucional, no ha sido bendecido con mucha frecuencia por los servicios postales; aunque algunas excepciones pueden hacer las delicias de frikis y coleccionistas de memorabilia blusera. A pesar de que los coleccionistas que centren su atención en el jazz, el rock o incluso en figuras como Elvis y los Beatles lo tienen mucho más fácil, sin pretender ofrecer una guía completa (puede haber cosas que desconozca y que os agradecería que me hicieseis llegar si tenéis algún dato) os propongo un pequeño repaso a lo que el tema puede dar de sí.
Los
primeros sellos en los que el Blues figuraba como temática principal fueron
emitidos en los Estados Unidos el 17 de septiembre de 1994. Su valor facial era
de 29 centavos, formaban parte de una larga serie dedicada a
personalidades de la cultura norteamericana y ofrecían junto a algunas figuras
del jazz; los sellos dedicados a Bessie Smith, Muddy Waters, Robert Johnson,
Ma Rainey y Howlin’ Wolf. El diseño corrió a cargo de Julian Allen; un
ilustrador nacido en Cambridge, Inglaterra, establecido en New York en 1973 y
fallecido en 1998. La única excepción es el sello de Bessie del que fue
responsable Howard Koslow, un veterano que ha trabajado en múltiples ocasiones
para el correo estadounidense.
Polémico como siempre, Robert Johnson suscitó un nuevo debate ya que el sello que se le dedicó se basaba en una de las dos fotografías que de él se conocen. En la imagen había desaparecido, por obra y gracia de las leyes antitabaco, el cigarro que cuelga de sus labios.
Con posterioridad, en Junio de 1998 y dentro de la misma serie pero agrupados en otros bloques y con un nuevo valor de 32 centavos, aparecieron nuevos músicos de Blues o cercanos a éste como Sonny Terry, Leadbelly, Josh White (obra del dibujante Bernie Fuchs) o Sister Roseta Tharpe.
Tras
dar por finalizada la serie, Estados Unidos no ha vuelto a emitir un sello
dedicado
a un músico de Blues aunque si lo han hecho algunos vinculados al jazz
y otras músicas. Es de señalar que la costumbre impone en ese país, que
ninguna persona reciba el galardón en vida lo que podría hacer pensar que
esperan el momento, aunque casos como los fallecimientos de John Lee Hooker y
Ray Charles no han tenido repercusión en el correo de su país natal.
Donde si se rindió homenaje a John Lee Hooker fue en la República de Tanzania, cuyo correo emitió en una fecha cercana al año 2000 una hoja dedicada a él. Aunque Tanzania sea un país poco recomendable filatélicamente hablando (debido a la gran cantidad de sellos que emite, muy superior al consumo real y dedicados generalmente al mercado del coleccionismo) tiene el honor de ser el primer país en rendir homenaje a Hooker.
En 2003, Benín, otro país sospechoso; emitió una serie de seis sellos bajo el nombre de Jazz Masters que incluía un ejemplar dedicado a B. B. King.
Por
su parte, Irlanda emitió en 2002 una serie de cuatro sellos con un facial de 57
céntimos dedicados a sus mejores músicos en los que figuraron personajes tan
próximos al Blues como Rory Gallagher y Van Morrison.

Argentina homenajeó con un sello de 75 céntimos a Norberto “Pappo” Napolitano, uno de los pioneros de su Blues local, en 2006; un año después de su desaparición en un trágico accidente.
Todos estos sellos pueden conseguirse con menor o mayor dificultad; nuevos, usados o en sobres primer día de emisión que incluyen el matasellos creado para la ocasión y que se utiliza solamente en esa fecha.
Y hablando de matasellos, tampoco está de más hacer mención
a algunos conmemorativos de eventos bluseros como los podéis ver en las imágenes.
En España, lo más parecido que yo conozco, son los que se crearon para el
festival de jazz de Vitoria.
Otra
variante de coleccionismo cercano a la filatelia seria el de tarjetas postales
publicitarias de conciertos, músicos y casas discográficas. A ser posible
circu
ladas. El mundo del Blues tampoco es muy pródigo en semejantes tácticas
publicitarias, pero no obstante pueden encontrarse algunas curiosidades.
Y por último, una advertencia. Si eres un auténtico friki, coleccionista fanático de discos, revistas, carteles, memorabilia y demás objetos de culto blusero; revisa con frecuencia el orden de tu leonera. Recuerda el ejemplo citado por Richard Nevins en las notas al disco "The stuff dreams are made of".
Hablando del mundillo de los coleccionistas, como mártires
de la secta, Nevins propone a Langley y Homer Collyer. “Descendientes de
una buena familia de Nueva York, durante 40 años estos solterones llenaron su
edificio de todo tipo de objetos incluyendo desde pianos hasta discos. Los
Collyer murieron -literalmente- debido a su gusto por la acumulación: en 1947,
uno de ellos cayó en una de sus propias trampas para ladrones y se asfixió
bajo una torre de cajas; su hermano paralítico y ciego, nada pudo hacer por
ayudarle y falleció días después. Bomberos y policías tardaron una semana en
vaciar la casa y rescatar los cadáveres".
Ramón del Solo
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