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JOHNNY
DYER WITH MARK HUMMEL - "Rolling Fork Revisited". (
Mountain Top Productions, 2004) La lista de homenajes discográficos hechos a Muddy Waters es probablemente de las más amplias dentro del mundo del blues, y aquí tenemos uno de los últimos que se le han realizado. El título es bastante clarificante, haciendo referencia a la localidad que vio nacer a Mckinley Morganfield, aunque también es el lugar donde vino al mundo Johnny Dyer, el responsable principal del disco. Johnny Dyer es un veterano cantante y armonicista que emigró de Mississippi hacia California, periplo que acabó conformando sus principales influencias musicales. Por un lado el influjo del Mississippi y de aquellos que, como Muddy Waters, desde allí emigraron al norte, principalmente a Chicago; la otra vertiente proviene de Los Angeles, a donde llegó a los veinte años, encontrándose allí a gente como George “Harmonica” Smith, de quien pasó a ser uno de sus más avezados alumnos. De todas formas, extrañamente, Dyer aquí no toca la armónica, dedicándose por completo a cantar, por cierto de forma muy convincente. La armónica tiene en este disco como protagonista principal a Mark Hummel, referente ineludible de la blues harp actual. Habitualmente con maneras tendentes hacia el estilo West Coast, es también un gran conocedor y devoto interprete de los sonidos clásicos del Chicago de los 50, como demuestra aquí y en algunos de sus trabajos discográficos precedentes – “Heart of Chicago” es un verdadero homenaje a ese estilo -. El trabajo de Hummel en este Cd es merecedor de elogios, bordándolo tanto en el estilo de Little Walter como de James Cotton. Entre el resto de la banda encontramos al recientemente galardonado en los premios W.C. Handy, Paul Oscher, cuya carrera discográfica parece estar cogiendo carrerilla en los últimos tiempos. Aquí le podemos escuchar en varios temas a la armónica y guitarra, demostrando que se desenvuelve como nadie a la hora de tocar en el estilo de su ex-jefe Waters; sirvan como ejemplo los cuatro temas en los que toca de forma impecable la guitarra slide. No es Osher el único veterano de la banda de Waters, Francis Clay, quien fuese el batería de la banda de Waters desde 1957 hasta 1966, se encarga de las baquetas en cuatro cortes. Otros dos invitados de altura que aparecen en este disco son el excelente guitarrista Rusty Zinn y el teclista Bob Welsh, quien hace un fenomenal trabajo tocando en el estilo de Otis Spann. Por lo demás, la banda de Hummel, The Blues Survivors, forman la base de la orquesta. La idea de este disco surgió tras la interpretación en directo – con motivo de la grabación del disco “Blues harp meltdown” - por parte de Hummel y Dyer del “Blow wind blow” de Muddy Waters, y tuvo como consecuencia estos 16 temas clásicos del repertorio de Muddy Waters – no todos compuestos por él –. Visto el resultado final parece claro que la intención de todos los que trabajaron en este Cd no era otra que tocar y cantar cada uno de los cortes a la manera en que Waters y sus respectivas bandas lo habían hecho años atrás, aunque evidentemente la impronta de cada uno de los músicos aquí reunidos no deja de estar presente. Entre los temas interpretados encontramos temas muy recurridos como “Can’t get no grinding”, “Don’t go no furthre”, “Country boy” o “Trouble no more” y otros menos conocidos por la generalidad – seguro que no es el caso de los buenos aficionados - como “My dog can’t bark”, “Layaway plan” o “Got to find my baby”. En definitiva, un gran disco en el que realmente queda plasmado el espíritu de la música que Mckinley Morganfield nos legó y seguro que el propio Muddy Waters se sentiría halagado con él. Roberto Prieto Reguera |
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NICK
MOSS AND THE FLIP TOPS – “Sadie Mae” ( Blue Bella Records, 2005) Nick Moss es uno de esos personajes sobre el que debemos de poner todas nuestras esperanzas para que ese estilo forjado por gente como Muddy Waters, Howlin’ Wolf, Little Walter, Jimmy Rogers o los más contemporáneos Magic Sam, Otis Rush o Jimmy Dawkins, no acabe por quedarse confinado únicamente entre los discos de quien sentimos predilección por el Blues de Chicago. Y es que, no en vano, este joven y orondo músico nacido cerca de la Ciudad del Viento, tuvo como maestros a personajes como Jimmy Dawkins, Willie Smith o el mismísimo Jimmy Rogers con quien compartió escenarios a los largo de tres años. “Sadie Mae”, grabado en Elgin, Illinois, en febrero de 2005, es ya el cuarto disco de Nick Moss y su banda The Flip Tops, a los que hay que añadir varias colaboraciones en Cd’s a nombres de otros como Big Bill Morganfiel, R.J. Mischo o Willie Smith. Cada uno de los tres anteriores, grabados también para el sello Blue Bella – “First ofense”, “Got a new plan” y “Count your blessings” - podría ocupar un lugar privilegiado en la colección de cualquier fan blusero, aun así, lo cierto es que disco tras disco la cosa ha ido a mejor, desembocando en este último que está, al menos, al mismo nivel que su predecesor, con el que el listón había quedado realmente alto. Nick Moss, que en sus comienzos en este negocio le daba al bajo, se hace cargo aquí de la producción, composición de doce de los dieciséis temas del Cd, de la voz – no es su punto fuerte pero está a la altura de las circunstancias -, de la guitarra – versátil y con una técnica blusera envidiable, sin derivar hacia pirotecnias innecesarias - y en un corte de la armónica, suponiendo su estreno en estudio con este instrumento. Los acompañantes son los músicos que habitualmente componen su banda de carretera: Gerry Hundt a la armónica y guitarra, Bob Welsh al piano y órgano, Dave Wood al bajo y Victo Spann a la batería. En cuanto a los temas del disco empecemos por los no compuestos por Moss: el boogie instrumental con maneras del gran Memphis Slim “The coldcut stomp”, obra del pianista de la banda y en el que el mismo Welsh se luce sobre manera; otro boogie, ahora cercano al estilo de John Lee Hooker, es “You got to lose”, original de Earl Hooker; un recuerdo a Lefty Dizz, uno de los grandes minusvalorados del blues de Chicago – que, por otra parte, son legión – es “If I could get my hands on you”; y el blues reposado “Crazy woman blues” de su mentor Jimmy Rogers. Entre los doce cortes restantes encontramos reminiscencias, y algo más, de clásicos pretéritos. “Sadie Mae”, dedicado a su hija nacida en mayo de 2004, se desarrolla sobre la base del “Sadie” de Hound Dog Taylor y hasta trata de reproducir ese típico sonido “sucio” de la guitarra de Taylor. “The money I made” que evoca al “If I had poseission over my judgment day” de Robert Johnson o los posteriores “Rollin’ & tumblin” de Muddy Waters y “Down in the bottom” de Howlin’ Wolf. Evidentemente la sombra de Morganfield tenía que estar presente aquí, haciéndose perceptible de manera especial en “Just like you” – un guiño al “Walkin’ thru the park” – y “One-eyed Jack” –en la línea de “She’s nineteen years old” -, cortes en los que Gerry Hundt demuestra sus habilidades a la armónica. Sobre la estructura rítmica del “All your love” de Sam Maghet a la que tanto ha recurrido Jimmy Dawkins, Nick Moss interpreta “The bishop” con retazos guitarreros en el estilo punzante de Dawkins, personaje que fue uno los primeros en darle la oportunidad de tocar en una banda de verdad, de aquellas aun como bajista. Hay otros dos instrumentales: “Gone Hoggin” en donde entremezcla reminiscencias del “I wish you wold” de Billy Boy Arnold, del “Suzie Q.” de Dale Hawkins, de Elmore James, de Bo Didley y ritmos latinos; el otro, “Ridin’ the Ranch”, evocando el estilo jump cincuentero de B.B. King. En el shuffle “Everybody got to go” Moss realiza su debut discográfico tocando la armónica Como
punto final a esta reseña, un comentario del propio Nick Moss que,
para quien aun tenga alguna duda sobre lo que puede escuchar en este
disco – y en los tres anteriores del propio Moss -, seguro
que le sirve de aclaración: “No trato de ser arrogante; no
trato de reinventar la rueda; no estoy tratando de llevar al blues
al siguiente nivel o en otra dirección, sólo trato de preservar lo
que me han transmitido”.
Roberto Prieto Reguera. |
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MÁTYÁS
PRIBOJSZKI
-"Flavours" (2005) De los países del Este de Europa continúan llegándonos grabaciones que no sólo constituyen una agradable sorpresa, sino que van haciendo fuerte la idea de que el siguiente paso adelante en la historia del blues no tiene porque darse en Estados Unidos, ni siquiera en Inglaterra. Por toda Europa surgen músicos interesantes e innovadores que exploran nuevos caminos en la senda de los doce compases o que, como en éste caso, demuestran una vez más que la armónica de blues no está condenada a la repetición de los clásicos. Desde Hungría, como otros músicos en Francia, Alemania, los países escandinavos y otros puntos del viejo continente; Mátyás Pribojski parece trabajar en el advenimiento de una nueva "blues explosion" que puede, y esperemos que así sea, remover los cimientos del panteón de W. C. Handy. Mátyás, con treinta y pocos años a sus espaldas; toca la armónica desde los quince y estuvo influenciado en sus principios por Sonny Boy Willianson. En 1995 formó "Blues Fools", la que sería la banda húngara con mayor reputación dentro del blues europeo. Junto a ellos permaneció durante diez años que tuvieron tres discos y un número incontable de giras dentro y fuera de Hungría, llevándole a compartir escenario con un buen número de figuras del blues de los dos lados del Atlántico. Llegaron a recorrer más de veinte países europeos y pasaron por Barcelona en 2002. En 2004 forma su nuevo grupo, Mátyás Pribojszki Band, un cuarteto de batería (József Adamecz), teclados (Erik Kovács) y contrabajo (Csaba Pengö). Aunque, tanto en las giras como en las grabaciones suele contar con algún invitado de excepción; la guitarra se suprime del combo para mayor protagonismo y lucimiento de la armónica. En enero de 2005 aparece éste "Flavours", once temas de cosecha propia donde el propio Mátyás se hace cargo de las partes vocales de una manera más que convincente. A la armónica, Mátyás es uno de esos creadores interesados en la exploración de nuevos territorios sonoros donde el papel solista de la armónica no se limita a caminos trillados sino que coquetea con el jazz y otros estilos menos definidos. "Flavours" es un disco que bien puede codearse con otros trabajos de algunos de los músicos europeos más innovadores e interesantes. Además de su actividad como músico; es representante para Europa Central y del Este de la marca brasileña Hering, imparte clases de armónica en Hungría y es el autor de "Harp School", un tratado para escolares y principiantes. La banda, con marcadas influencias del mundo del jazz, funciona a la perfección en los acompañamientos y ofrece algunos solos interesantes entre los que destacan los del contrabajo de Csaba. En tres de los temas cuentan con la presencia de tres guitarristas provenientes del más novedoso circuito europeo; el inglés Ian Siegal, el italiano Mike Sponza y el también húngaro Gabor Szücs. La labor de la banda ha recibido elogios no sólo por la crítica sino provenientes de fuentes tan autorizadas como el armonicista británico Steve Baker. El francés Jean-Jacques Milteau, otro interprete y creador interesado en la búsqueda de nuevas posibilidades para su instrumento ha dicho recientemente: "Mátyás Pribojszki es definitivamente un instrumentista brillante, su estilo interpretativo está al nivel de los mejores armonicistas de blues. Pero el hecho más interesante es que él se dirige claramente hacia un estilo propio, muy personal y expresivo que ayudará a redefinir el rol de su modesto instrumento en un futuro próximo". No hace mucho tiempo, hablaba con unos amigos de lo interesante que sería un festival en Madrid que apostase por los músicos desconocidos que no llenan estadios, pero que cuentan con la calidad y la experiencia necesaria para hacer las delicias de los aficionados más exigentes; un festival donde la calidad y la innovación pesasen sobre el renombre y el éxito de taquilla (si es que en blues es factible un éxito de taquilla, que ya lo empieza uno a dudar). A pesar de que los gastos serían mucho más reducidos que los de un festival al uso; apenas una mínima parte de lo que debe suponer el coste de, pongamos por ejemplo, Los Veranos de la Villa o el Festival de ¿Jazz? de Villalba; es difícil pensar que algún empresario se arriesgue y el concepto de cultura de las instituciones parece seguir otros derroteros más comerciales. Por si acaso cae la breva, yo ya tengo un favorito. Ramón del Solo |
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THE
HOLLYWOOD BLUE FLAMES – “Soul Sanctuary” (Delta
Groove productions, 2005) Tras la muerte de Michael Mann, más conocido por el sobrenombre que Buddy Guy le puso y que no es otro que Hollywood Fats, los antiguos miembros de la Hollywood Fats Band siguieron reuniéndose para tocar en directo y para grabar algún que otro álbum, unas veces bajo la antigua denominación del grupo y otras como The Blue Flames o The Hollywood Blue Flames, pero siempre con un espíritu muy similar al que allá por la mitad de la década de 1970 les llevó a unir sus fuerzas. Los músicos siguen siendo los mismos de antaño: Al Blake a la voz, armónica y guitarra acústica además de ser el productor del disco ( y quien hoy por hoy parece el alma mater del grupo), Richard Innes a la batería, Fred Kaplan al piano y Larry Taylor al bajo. Evidentemente la novedad tiene que estar en la guitarra que esta vez se encuentra en manos del joven afroamericano y prometedor Kirk Fletcher ( no, no va por la senda de los rubios Johnny Lang, Kenny Wayne Shepherd, y compañía) sucediendo en el puesto al original Hollywood Fats, y a otros como Junior Watson, Kid Ramos o Nick Curran que le habían precedido en el puesto de guitarrista tras la muerte de Mann. También aparece en el último corte del Cd Kim Wilson a cargo de la armónica. La compañía encargada de este lanzamiento es la recién llegada al mundo del blues Delta Groove Productions y que, vistos sus primeros lanzamientos, seguramente nos dará bastante que hablar. Realmente hay una edición anterior de este disco, bajo el título de “Estabilished a long time ago” sacado a la calle por el sello Soul Sanctuary y que presenta alguna que otra diferencia con respecto a este. Así en la segunda edición desaparecen cuatro temas que estaban recogidos en la primera, y en contra partida, en esta que nos ocupa colocan dos bonus track. Algo es algo, aunque qué les hubiese costado ponerlos todos dentro del mismo disco, sobre todo teniendo en cuenta que la duración de los trece cortes de este disco no llega a cuarenta y siete minutos. Y como antes decía, el espíritu de la música que sigue interpretando este combo sigue en esa línea West Coast que realizaban cuando aun daban sus primeros pasos junto con Michael Mann, y que de modo excelente dejaron para la posteridad en aquellas grabaciones de 1976 junto al líder natural del grupo. El disco comienza de manera trepidante con dos temas de lo más a animado: rock&roll a lo Chuck Berry en el instrumental titulado “Flambed” y boogie saltarín en “Nit Wit” compuesto por el guitarrista discípulo de T-Bone Walker L.C. Mckinley. “Jo Angelyn”, que Al Blake dedica a su hija del mismo nombre, es un meloso instrumental jazzy basado en el “Chitlins con carne” de Kenny Burell y donde el piano/organo de Kaplan y la guitarra de Fletcher se lucen de principio fin. El blues chicagüense de los 50 es parte esencial dentro del estilo West Coast y como tal aquí encontramos influencias del estilo de Rice Miller – ”The land of Calio” -; la versión del clásico de Jimmy Oden “Soon forgotten”; walking bass con la guitarra de Fletcher en primer plano en “I’m a lucky, lucky man”; “Black cat bone” es un shuffle en la línea de Little Walter en el que la armónica de Al Blake recuerda al gran Marion Jacobs. Tampoco puede faltar en un disco actual de blues al estilo de la Costa Oeste algún corte funky, y ahí está “”He’s a blues man”. Entre los pocos momentos reposados en este disco están el blues lento con formato de blues after hours “Coco puffin’” en el que la fenomenal interpretación de Fletcher recuerda al mejor Buddy Guy; y el tema que da nombre a este trabajo, “Soul Sanctuary” a partes iguales entre el blues y el jazz. Sobre el teclado de Kaplan y con maneras de R&B discurre “My natural inquirer baby”. En los dos bonus tracks del disco escuchamos una curiosa versión del “You’re sweet” de Jimmy Rogers en la que Blake se encarga de la guitarra acústica y el invitado, Kim Wilson, de la armónica, dando como resultado un bonito blues de corte rural. El otro tema, “Big foot’s boogie” es evidentemente un boogie con Kaplan como protagonista principal.
Este disco, aunque está dedicado entre otros a Hollywood Fats, no se queda
en un mero homenaje a su persona; es una grata demostración de toda la música
que sus ex-compañeros de banda llevan dentro ( también la nueva
incorporación), quienes, por suerte, desarrollan una carrera artística tan
prolífica como envidiable. Roberto Prieto Reguera |
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BIG
MAMA THORNTON WITH THE MUDDY WATERS BLUES BAND La edición original de esta excelente complicación de blues se produjo en el año 1966 y casi cuarenta años más tarde, los responsables del sello Arhoolie nos regalan esta reedición con siete cortes inéditos hasta el momento – tres tomas adicionales y cuatro temas nuevos - a sumar a los diez del Lp de 1966. Los ingredientes utilizados para hacer este Cd son de lo más fiable que nos podamos encontrar. Por un lado la compañía discográfica, Arhoolie, seria donde las haya y ejemplo de calidad y buen hacer; el artista principal, Big Mama Thornton, blueswoman y cantante de primera; y la banda de Muddy Waters: Waters a la guitarra, James Cotton a al armónica, Otis Spann al piano, Sammy Lawhorn a la guitarra, Luther “Georgia boy” Johnson al bajo y Francis Clay a la batería. Casi nada! La explicación de esta colaboración radica en dos razones fundamentales: por un lado Big Mama no lograba mantener una banda fija puesto que sus contratos para dar conciertos no eran numerosos que digamos, y por el otro Muddy que aceptaba casi todos los trabajos que se le presentaban. Por el medio de ambos andaba Chris Strachiwitz, el productor del disco, para juntarlos y grabarles el 25 de abril de 1966 en San Francisco. Parece ser que no hubo muchos ensayos – o más bien ninguno - previos a la entrada en estudio y la verdad es que a lo largo de los más de sesenta minutos del Cd nos podemos dar cuenta de ello. El resultado final es una especie de jam session de casi inmejorables efectos. Evidentemente Morganfield y su banda se desenvuelven mejor en los blues lentos y a medio tiempo, en los shuffles, en una palabra, en la música que les era propia y que conocían como nadie. Y cuando la cosa se encamina hacia vertientes gospel o balada soulera, Big Mama y Otis Spann se quedan casi mano a mano bordándolo, es el caso de “Life goes on”, “I feel the way a feel” o “Since I fell for you”. La intervención de Muddy Waters, como es natural, está en esta ocasión en segundo plano, limitándose, que por otra parte no es poco, a marcar los bajos con su guitarra y ofrecer, de forma comedida, algunas demostraciones de su vibrante slide guitar. Sin entrar en valoraciones sobre la calidad musical de Muddy, una de sus características básicas es la personalidad y carácter que transmite en sus interpretaciones vocales y con el bottle neck. Pues bien, el sello personal de la Thornton a la hora de cantar no tiene mucho que envidiarle, así que no vamos a echar mucho de menos la voz del gran Muddy. Por su parte, Lawhorn, demuestra por qué su jefe de filas le consideraba el mejor guitarrista que había pasado por su banda. A la armónica Cotton está casi impecable, compartiendo esta tarea en dos temas, “Big Mama’s shuffle” y “Big Mama’s blues”, con Thornton, que también toca la armónica, aunque sin querer desmerecer a la fémina, la verdad es que hay bastante diferencia entre ambos a la hora de soplar. Y por si era poco, la participación de Thornton no se limita a cantar y soplar la armónica, y en “Everything gonna be alright”, Francis Clay, le deja el asiento a la batería. La mayor parte de los cortes son composiciones de Big Mama o bien clásicos de su repertorio: “Black rat”, “I’m feeling alright”, “Life goes on” o “Gime a penny”, entre otros. Y no, el famoso “Hound dog” no está por aquí, aunque parece ser que en esta sesión se registraron algún que otro tema más, además de otras tomas descartadas hasta el momento, así que, quizás de aquí en otros cuarenta años volvamos a ver una remozada edición de este disco con un nuevo puñado de temas. Roberto Prieto Reguera
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