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B.B. King Blues Festival. Madrid, Julio 04.

A los 79 años, B. B. King tiene asegurado su puesto en el Olimpo de la música popular. A los 79 años, el cuerpo no responde como a los 20. A los 79 años cumplidos, a veces, es necesario hacerse llevar al escenario en una silla de ruedas y tocar sentado para no cansarse demasiado. Pero, a los 79 años, cuando uno se llama Riley B. King; lleva 55 años pateando escenarios y sabe como nadie lo que hay que hacer para complacer al publico incondicional, ganarse al indeciso e impresionar al neófito. Lo que se pierde en fuerza y juventud se gana en tablas y en ese dominio de la situación que consigue que todo suceda en su justo momento, como si no pudiese ser de otra manera.

Durante los últimos días de Junio y los primeros de Julio de este año pasó por España el B.B. King Blues Festival, la que el propio guitarrista anunciaba como “su última gira europea”; y conviene recordar que el concepto de gira que siempre ha tenido B.B. es el de una sucesión de conciertos en los que se entrega todo y que se desarrollan con una frecuencia que no deja tiempo ni para atarse los cordones de los zapatos; en España estuvo el 23 en Valencia, el 25 en Granada, el 26 en San Javier, el 28 en Madrid, el 29 en León, el 1 en Zaragoza y el 2 en Barcelona. Y eso a una edad en la que la mayoría de los ciudadanos llevan 10 años o más cobrando del Inserso. La gira contaba con teloneros de lujo. En primer lugar Shemekia Copeland, una de las mejores vocalistas del momento e hija del genial guitarrista Johnny Copeland que falleció en 1997 de un ataque al corazón. Para continuar, Mac Rebennack, Dr John; nacido en 1940 y toda una leyenda del piano de  New Orleáns, estilo que combina desde los años 60 con rock & roll, R&B, jazz y otros palos. En la actualidad es la figura más destacada de esa amplia tradición de pianistas de Louisiana.

El concierto de Madrid, con una plaza de Las Ventas en la que, inexplicablemente, el aforo no estaba ni mucho menos cubierto, se abrió con la partición de “The funk on me”, un grupo mixto de músicos españoles e ingleses con un notable cantante y una buena sección de vientos que mereció una oportunidad mejor, ya que cuando terminaron de tocar, el público aun estaba buscando sus asientos. A continuación, Shemekia Copeland, que ya antes del comienzo de la gira había dado un par de conciertos en Madrid, en Calle 54. Shemekia demostró tener una voz privilegiada que maneja con pericia arropada por un buen grupo; simpática y con un buen sentido del espectáculo supo ganarse al público desde los primeros temas. Durante el resto de la noche, la vimos pasear por las zonas próximas al escenario haciendo gala de un carácter asequible; bromeando y disfrutando de la música de sus compañeros de gira. Cosas de la edad, no en vano es la más joven del trio.

Con el ambiente ya caldeadito, Dr. John comenzó una actuación que poco a poco fue derivando hacia los sonidos del mardi-grass, al público, que quizás esperaba otra cosa; le resulto demasiado carnavalero y se escucharon las quejas de algunos entre el entusiasmo de otros. Mc Rebennack, que acudió al escenario apoyándose en un bastón, no solo demostró ser un formidable pianista, sino que sabe como dirigir una banda, aunque tal vez el cambio de estilo produjo una ruptura con la actuación de Shemekia y su aparición se hizo, para muchos, demasiado larga.

Y al fin llegó B. B. King. Con un inmejorable equipo de músicos, menos numeroso que en sus anteriores visitas pero con la calidad habitual. El show no variaba en estructura de la línea que B.B. mantiene desde hace años; el grupo abre el concierto con un par de temas protagonizados por la sección de vientos, se presenta al jefe y este hace su aparición triunfal repasando un repertorio que, ya a estas alturas, más que repetido puede clasificarse de clásico e inmortal. Hace ya mucho tiempo que en un concierto de B.B. King todo es predecible, desde el repertorio hasta esos gestos que configuran su particular puesta en escena; Cuando le has visto un buen número de veces, ya casi puedes adivinar paso a paso lo que va a pasar... Ahora viene el numerito de llevarse la mano a la oreja para escuchar al publico, ahora toca el turno de “the thrill is gone”, ahora besa la guitarra, ahora... Pero lo que también puedes predecir, sin temor a equivocarte, es que desde el primer momento va a meterse al público en un bolsillo. Y que el sonido de esa Gibson ES 335 sigue siendo algo especial. Lucille sigue siendo joven,  aunque ahora su dueño se arrope más que antes en el segundo guitarra Lucille conserva dentro de sí toda la magia que hizo famosa a su predecesora (B.B. siempre ha llamado igual a todas sus guitarras), la nº  de serie 56693, novena de la serie, por más señas; que Riley salvó de las llamas que una pelea había provocado en un garito de Twist, Arkansas. El accidente se produjo cuando dos tipos que murieron en el incendio, peleaban por una chica llamada Lucille y volcaron el bidón de keroseno encendido que proporcionaba calor al establecimiento. El propio B. B. sufrió quemaduras al entrar al local a rescatar su guitarra a la que puso el nombre de aquella chica para recordar no volver a hacer otra tontería parecida “Puede haber muchas Lucille, pero solo un B.B. King...”

Para terminar, Raimundo Amador; cuya presencia se ha hecho inevitable en las últimas apariciones del maestro; se unió a los últimos temas y repitió, para mayor continuidad de los rituales; el número del besamanos. Esperemos que la salud de B. B. permita que el anuncio de que esta era su última gira europea se convierta en un reclamo publicitario y podamos asistir de nuevo al digno envejecimiento de Mr. Riley y a la eterna juventud de Lucille.

Ramón del Solo. 2004

Fotografías: Julio Sánchez

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